domingo, 29 de julio de 2012
El dulce roce de tus manos sobre mi piel
En lo alto de aquella colina, al borde de un precipicio, allí está ella. Debería saber que en lugares así no es bueno jugar. De pie en aquel borde, el frío viento sopla su cabello, se eleva su vestido delicadamente. Seca rápidamente sus lágrimas. Tranquila, hayando sigilo en su respiración, lanza un suspiro, desea desaparecer, tan solo es capaz de encontrar su llanto mudo y lágrimas que desaparecen poco a poco. Sentada, abraza sus rodillas, agachada su mirada, sus ojos llenos de lágrimas, los abre despacio, el sol los hace más radiantes aun, aparta el cabello de su rostro lentamente, vienen a su mente unos cuantos recuerdos. Aquel primer beso, jamás será borrado de su mente. Una delicada sonrisa dibujada en su rostro. Un romance acabado, miles de recuerdos en ella, tal vez no estaba preparada para el final de aquella historia. En lo alto de aquella colina, al borde del precipicio, decide sentarse a esperar el atardecer, siente que no necesita más que la tranquilidad que le acompaña, el viento acariciándola y los cálidos rayos de sol dándole calor a su fría piel.